Sextorsión, la peligrosa moda que está acabando con la vida sexual de muchas mujeres

Con el boom de la mensajería instantánea, el chantaje sexual se ha convertido en el nuevo método de extorsión utilizado por aquellos que quieren aprovecharse de otra persona. Millones de mujeres en todo el mundo ya han experimentado lo que se siente al verse amenazadas por el simple hecho de enviar una foto subida de tono a sus parejas.

Hoy vamos a conocer la historia de Laura, una joven que sufrió lo que se conoce como “sextorsión” por parte de la que era su pareja.

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Anetlanda / Shutterstock

“Conocí a Jake durante una beca de estudios en Estados Unidos y comenzamos a salir. Estuvimos juntos dos años, y en ese tiempo me di cuenta de que era una persona celosa y posesiva, pero aun así me enamoré.”

Los celos es una de las principales características de las personas que hacen este tipo de chantajes sexuales. Ver que la que era tu pareja decide dejarte es algo que les supera y sienten la necesidad de vengarse como sea.

“Me defino como una mujer liberal y, en el terreno de las relaciones, siempre me ha gustado experimentar. Por eso no me importaba practicar sexting, o sea, enviar mensajes subidos de tono con fotos y vídeos, vía redes sociales o Internet.”

Aquí fue donde comenzó la peor pesadilla de Laura.

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Kaspars Grinvalds / Shutterstock

“Había confianza, ¿por qué no? Hicimos varios vídeos con su iPhone en nuestra habitación. Todo se veía muy oscuro, pero se nos distinguía bien. Poco después rompimos y, cuando terminé el curso, volví a España. Nuestra separación acabó siendo algo dramática, nos dejamos de seguir en las redes y no volví a saber de él porque, además, cambié mi número de móvil. No di importancia a las grabaciones, y ni me acordé de que sólo las tenía Jake.”

Laura en ningún momento pensó que aquella persona en la que había confiado tanto hasta el punto de grabar vídeos eróticos con ella, se la iba a jugar de esta manera.

“No supe más de él hasta cuatro años después. Contactó conmigo a través de un mensaje privado de Facebook: «Hola Laura, ¿qué tal todo?». Me extrañó que diese señales de vida después de tanto tiempo y dudé sobre si merecía la pena contestar, pero lo hice. Me explicó que se había acordado de mí porque iba a formatear su ordenador y había encontrado unas fotos nuestras.”

«¿Hay alguna manera de que podamos hablar? Tengo que decirte algo, pero ha de ser por teléfono». No le quise dar mi número y, entonces, me llamó por Facebook. Fue ahí cuando dejó caer la verdadera razón de su acercamiento. Después de varios rodeos, me soltó: «Mira, Laura, es que me ha pasado una cosa. El otro día me mandaron un email unos hackers, porque han entrado en mi ordenador y me han dicho que si no les pago 5.000 dólares van a publicar unos vídeos personales nuestros».”

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Jacob Lund / Shutterstock

Esta es una de las primeras tácticas por las que optan los sextorsionadores, te cuentan una historia en la que ellos aparecen como “víctimas” para sacarte el dinero y quedar de buenas personas.

“Le conocía tan bien que no me creí la historia de los hackers, pero la verdad es que me dio miedo, porque pensaba que si yo le retaba los publicaría él mismo. ¡Y a saber dónde! Minutos después, me volvió a llamar. Cuando me escuchó llorar, cambió de registro: «Laura, no te preocupes. Yo lo arreglo todo».”

“Le exigí: «Lo primero que quiero es que los borres». Y lo que contestó hizo que me diera cuenta de a lo que me enfrentaba: «Bueno, ya decidiré yo lo que hago». Entonces entendí todo mejor: lo que quería era ejercer poder sobre mí. No necesitaba dinero, no deseaba volver conmigo. Su objetivo era manipularme y jugar a su manera. «Hablaré con mis abogados y te volveré a llamar», sentenció. Yo seguía sin saber qué hacer.”

Por suerte, una amiga de Laura que era abogada, le aconsejó dejar de contestar a Jake por Facebook y no volver a coger ninguna de sus llamadas.

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Antonio Guillem / Shutterstock

“Mi última comunicación fue la siguiente: «He dejado todo en manos de mi abogada, porque no recuerdo nada». Él se enfadó mucho y empezó a escribirme todos los días. De repente, paró de acosarme y no he vuelto a saber nada de él. Lo último que me dijo fue: «Ya veo que te da igual que todo esté en Internet». Han pasado unos meses, pero, claro, nada está zanjado (¡quién sabe si seré una estrella del porno casero!).”

Ahora he privatizado mi cuenta de Instagram y he eliminado a los usuarios que no conocía, por si algún perfil falso es de él. No le he demandado porque, como estamos en diferentes países, no sé hasta qué punto me compensaría. ¿Lo que yo he aprendido? Hay que vigilar con quién te haces fotos o vídeos comprometedores y, si caes en la tentación, no dejes jamás que se vea tu cara. Palabra de arrepentida».

Como dice Laura la privacidad es esencial en el mundo de internet. Si sientes la tentación de enviar una foto erótica a tu pareja, por mucho tiempo que llevéis, asegúrate de que jamás salga tu cara.

gpointstudio / Shutterstock

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Fuente: Cosmopolitan