Los científicos confirman la verdadera identidad del Yeti y Hombre de las Nieves tras años investigándolo

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Los excursionistas que se dirijan al Tíbet ya pueden respirar tranquilos y dejar de temer un ataque del terrorífico yeti, y quizás deberían empezar a preocuparse por llevar un spray repelente para osos.

Tras décadas de historias y mitos que aseguraban la existencia del famoso hombre de las nieves, unos análisis de ADN revelan que un oso podría estar detrás de toda la leyenda.

Dentro del folclore nepalí, el yeti suele representarse como una criatura inmensa y peluda, con una figura parecida a la de un mono, que se dedica a deambular por el Himalaya. Los supuestos avistamientos producidos a lo largo de los años, así como los restos sagrados que se hallan diseminados en monasterios o retenidos por chamanes, han sido utilizados como pruebas por aquellos que de verdad creen en la existencia de este ser.

Al final resulta que es un oso

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A día de hoy sabemos que todas esas pruebas son falsas gracias a la ciencia. Unos análisis genéticos previos realizados sobre unas muestras de pelo recogidas en India y Bhután sugirieron que un pequeño fragmento de su ADN mitocondrial (ADNmt) era muy parecido al de los osos polares.

“Ese hallazgo insinuaba que un tipo de oso previamente desconocido, posiblemente un híbrido entre osos polares y osos pardos, podría ser el animal que vagaba por el Himalaya”, exponía Charlotte Lindqvist, bióloga evolucionista de la Universidad Estatal de Nueva York.

Para estar seguros, Lindqvist y sus colegas examinaron más a fondo el ADN mitocondrial de hasta 9 muestras del supuesto yeti. Los científicos consiguieron un diente y algo de pelo recogidos en la meseta tibetana a finales de la década de 1930, así como una muestra del excremento encontrado por el montañero italiano Reinhold Messner en los Alpes tiroleses.

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Las muestras más recientes incluían pelo recogido en Nepal por un pastor nómada y un hueso encontrado por un sanador espiritual en una cueva del Tíbet. El equipo también analizó muestras recolectadas recientemente de varias subespecies de osos nativos de la zona, incluidos el oso pardo del Himalaya, el oso pardo tibetano y el oso negro. En total, los científicos analizaron 24 muestras.

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De las nueve muestras del “yeti”, ocho resultaron ser de osos nativos del área. La otra muestra provino de un perro. Estudios similares de muestras de cabello supuestamente relacionadas con el homínido peludo de América del Norte, el sasquatch (Bigfoot), han revelado que esas fibras provienen de osos, caballos, perros y muchas otras criaturas, incluidos los humanos.

“Nuestro análisis genético deja claro que las muestras proceden de osos locales, lo que sugiere que el mito del yeti tiene su origen en hechos biológicos que tienen que ver con los osos que viven en la zona en la actualidad”, dice Lindqvist.

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El cómo han llegado pelos o huesos de osos a ser venerados como reliquias de un ser legendario tiene que ver más con la antropología que con la biología. Aunque Lindqvist no es experta en las leyendas del yeti, jigou, chemo o similares, sí cree que la historia local de un ser especial, venerable, se contaminó al contacto con los occidentales:

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“La conexión con los osos puede venir de un profundamente arraigado respeto por la naturaleza y una conexión con la espiritualidad. Creo que, en cambio, la leyenda del abominable hombre de las nieves levantó el vuelo cuando el explorador británico Eric Shipton fotografió la famosa gran huella en la nieve y cuando las montañas del Himalaya se popularizaron entre los occidentales que iban a escalarlas. Así el yeti entró a formar parte de la cultura popular occidental”.

Pero en la búsqueda del yeti, la investigación ha encontrado información muy valiosa sobre los osos de esta zona tan extrema de Asia. Aquí conviven, aunque en distintas altitudes, tres especies de osos, las tres están amenazadas o en peligro de extinción.

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El análisis, publicado en Proceedings of the Royal Society B, muestra que el oso pardo tibetano comparte un ancestro común relativamente reciente con los osos pardos de otras partes de Eurasia y Norteamérica. Sin embargo, el oso pardo del Himalaya pertenece a un linaje evolutivo distinto que se separó hace unos 650.000 años. La separación pudo producirse en los máximos de una glaciación que aisló durante milenios a las poblaciones de osos.

Dejando de lado el hecho de que sirviese para desenmascarar el mito, el estudio también proporcionó mucha información científicamente útil. Los análisis generaron los primeros genomas mitocondriales completos del oso pardo del Himalaya (Ursus arctos isabellinus) y del oso negro del Himalaya (Ursus thibetanus laniger), por ejemplo.

Esto podría ayudar a los científicos a descubrir cómo de diferentes son genéticamente algunas de estas raras subespecies respecto a otras especies más comunes, así como la última vez que estos grupos compartieron ancestros maternos en el pasado.

A partir de ahora podrás hacer montañismo mucho más tranquilo. Solo tendrás que preocuparte de no ser devorado por un oso. Algo es algo…

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