Britanny Gibbons, la mujer que cuenta cómo es tener relaciones sexuales todos los días del año

Muchas mujeres sienten que con el paso de los años, y especialmente después de tener hijos, sus cuerpos empiezan a envejecer y ya no les gusta lo que ven. Ese es el principal motivo por el que Britanny Gibbons, autora de “Fat Girl Walking”, decidió practicar sexo con su marido todos los días durante un año entero.

Así es tener sexo todos los días durante un año

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¿Por qué lo hizo?

Poco después de tener a su tercer hijo, cada vez que se miraba en el espejo, ya no veía algo que le gustara. Y a partir de ese momento no se permitió a sí misma estar desnuda. Siempre mantenía relaciones sexuales con las luces apagadas o escondía su cuerpo tras una camisola, incluso esperaba a que su marido saliera de la habitación antes de meterse en la ducha.

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Con el paso del tiempo, esto cada vez le preocupaba más. No entendía cómo no era capaz de estar desnuda delante de su marido, que la quería y le gustaba tal y como era. Por eso, después de hablar con una amiga que lo había puesto en práctica, decidió asumir el desafío de mantener relaciones sexuales durante 365 días seguidos para “obligarse a enfrentarse a su cuerpo todos los días”.

¿Cómo fue?

En un principio le pareció duro, no es que le temiera al sexo, pero pensar que después de los infinitos días de una madre de tres hijos, tenía que dedicarle tiempo, le parecía imposible, egoísta y agotador.

Sin embargo, poco a poco le fue gustando cada vez más la experiencia y deseaba que llegara ese momento. Su marido la apoyó por completo en su iniciativa, y salvo los días que estuvieron separados por viajes y un virus estomacal, el resto de los días mantuvieron relaciones.

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“Dejó de ser una tarea ardua, y se convirtió en el momento del día en el que estaba más en paz. Donde podría tener una conversación real con mi esposo y saber que me estaba escuchando”.

“Éramos más románticos el uno con el otro, nos tocábamos el brazo al pasar, nos besábamos antes del trabajo y no era solo un simple y frío beso familiar. Nuestra relación era más fuerte y mejoraba a medida que nuestra intimidad florecía“.

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¿Qué aprendió?

Antes del experimento, a Gibbons le costaba contarle sus inseguridades a su marido. Aprendió que la comunicación era clave para amar su cuerpo.

“Me costó mucho explicárselo para que se diera cuenta de que no sentirme sexy no era un ataque contra él, y que a él le doliera solo me hizo sentirme peor. Yo también quería disfrutar del sexo. Y la clave para ello era sentirme segura y hermosa. Por eso fue un viaje a mí, no un viaje a él.”

A nivel personal, los cambios fueron asombrosos. “Tres meses después, empecé a volver a disfrutar del sexo. Y seis meses después, me quité la camiseta sin importarme si mis senos caían más o menos. Por primera vez me importaba más el sexo que encontrar un ángulo favorecedor para esconder mi barriga. Mi cuerpo estaba disfrutando, al igual que el suyo, ambos a la vez”.

“Un año después, dejé de usar ropa por completo, iba tranquilamente a la ducha cuando estaba mi marido, y no me alejaba cuando se acercaba por detrás y me rodeaba la cintura con sus brazos. Mi relación con mi marido y mi cuerpo han cambiado de una manera increíble“.

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Britanny Gibbons

Ahora, tres años después, ya no mantenemos relaciones sexuales todos los días. No porque estemos hartos el uno del otro, sino porque somos humanos, no robots. Sin embargo, los efectos y lecciones de la experiencia todavía son evidentes en nuestro matrimonio”.

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Fuente: indy100 / huffingtonpost / goodhousekeeping